Imaginería de los fluidos

Transmite al sistema nervioso sensación de seguridad mediante la posibilidad de tomarte tiempo para llevar la atención a los fluidos y huesos del cráneo y el rostro. Este ejercicio de toque y visualización puedes hacerlo antes de dormir.

Duración recomendada: 10 a 30 minutos

  1. Ubica los huesos de tus dedos sobre los huesos de la frente y masajea haciendo círculos. Es un toque duro y es posible que en algunas zonas se sienta un dolor leve.
  2. Sigue tocando los huesos del rostro como si los delinearas con los dedos: toca las cuencas de los ojos sintiendo el hueso, los huesos de la nariz, los huesos de los pómulos, hasta conectar con la mandíbula.
  3. Baja hasta el borde de la mandíbula, encuentra unas puntitas que están antes de llegar a las orejas y ejerce presión hasta por tres segundos con los pulgares, luego liberas la presión despacio.
  4. Continúa presionando los huesos detrás de las orejas y de toda la parte de atrás y de los laterales del cráneo.
  5. Con los nudillos puedes dar golpecitos suaves sobre todos los huesos del cráneo y del rostro. A los huesos les gusta ser percutidos.
  6. Abre y cierra la mandíbula. Al abrirla emite un sonido a modo de queja pronunciando la vocal a, mientras arrastras los dedos desde los pómulos hacia abajo. Repite tres veces.
  7. Si ya recorriste todos los huesos de la cabeza, cierra los ojos.
  8. Coloca una mano sobre la frente, como si la sostuvieras, y otra mano sobre los huesos del pecho o el esternón. 
  9. Fíjate en la temperatura de tus manos.
  10. Imagina que esa parte frontal de los huesos del cráneo son como una repisa donde descansa el cerebro. Imagina también que tu cerebro adentro es grasoso, blandito, como una gelatina que está contenida por los huesos del cráneo.
  11. Con las manos aún sobre la frente y el esternón, intenta llevar la cabeza hacia delante muy despacio para conectar con la cualidad de cómo se mueven los fluidos que están dentro del cerebro. Si te mueves hacia delante, toda esa grasita va para adelante y está contenida.
  12. Regresa lentamente la cabeza hacia el centro.
  13. Desplaza la mano que tienes en la frente hacia la parte derecha del cráneo, en el parietal. Con tu mano bien abierta, deja que nuevamente tu cabeza caiga lentamente hacia el costado derecho, mientras la mano la sostiene sigue poniendo tu atención en sentir el movimiento de los fluidos. Repite el movimiento al lado izquierdo.
  14. Desplaza la mano atrás del cráneo, sobre el occipital, y deja que la cabeza también caiga muy despacio, a la vez que la mano la sostiene.
  15. Continúa sintiendo cómo todos los fluidos del cerebro se mueven. Recuerda que toda esa grasita está en confianza porque hay huesos que la contienen.
  16. Regresa la mano a la frente y fíjate en tu respiración: cada que inhalas y exhalas los huesos del esternón se mueven. Concéntrate en cómo está tu respiración.
  17. Al exhalar haz un sonido que prefieras, puede ser un suspiro, un silvido, una vocal, lo que prefieras.
  18. Sin abrir todavía los ojos, retira la mano de la cabeza.
  19. Aún con la otra mano en el esternón, emite otro sonido de una vocal al exhalar. Siente la vibración en los huesos del cuerpo.
  20. Abre lentamente los ojos.

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