Los huesos son la tierra del cuerpo

Posterior a un evento de estrés colectivo, el sistema nervioso necesita vías de retorno hacia la conexión y escucha, que le permitan al cuerpo recuperar la confianza. Para acompañar ese proceso, la recomendación no es intentar calmarse o afanarse por volver al equilibrio, sino buscar maneras de habitarse para reconocer el territorio que somos y sentir que, aún después de que todo se mueve, el cuerpo nos sigue sosteniendo.

De esta manera, el cuerpo se asume como territorio de estabilización y recuperación al cual retornamos por medio de experiencias sensibles.

Carolina Corrales Figueroa, psicóloga clínica especializada en salud mental comunitaria, explica que una manera de practicar el arraigo es llevando la atención a los huesos, que son el sostén y la protección del cuerpo, además de generar nutrición y dar oportunidad para el movimiento y la acción.

Luego del evento traumático, el sistema nervioso puede tardar hasta un mes y medio en recuperarse. Es natural, entonces, quedar con agotamiento, irritabilidad, dificultad para concentrarse o insomnio. Esto sucede porque las hormonas alertaron del peligro, la sangre se concentró en los músculos —que a su vez se tensaron preparados para reaccionar—, los procesos del sistema digestivo se relentizaron y la demanda de oxígeno aumentó. Pese al estrés causado, esta oleada de sensaciones nos traduce que estamos conectados con el mundo que transitamos.

Escuchar al cuerpo es construir presencia en los rincones​

A veces sometemos el cuerpo a prácticas que creemos pueden hacernos bien, pero nos olvidamos de darle paso primero a la escucha. Escuchar al cuerpo significa conectar con nuestra capacidad de asombro; no esperar a tener ganas o tiempo de sobra, sino hacerlo como una práctica cotidiana vital. ¿Qué imaginas que necesita tu cuerpo ahora?

Dos sugerencias que hace Carolina para cultivar la escucha corporal, son el uso del foco interno —que implica trasladar la atención a las sensaciones dentro del cuerpo— y el foco externo —que busca llevar la atención a los estímulos del entorno—. Lo recomendable es hacerlo alternando los focos entre adentro y afuera del cuerpo, considerando las necesidades y disposición de quien decide hacerlo, por ejemplo, identificando si nuestro sistema requiere quietud o introspección o si, por el contrario, necesita movimiento o interacción con el entorno.

En la misma vía podemos escuchar las propias sensaciones: ¿Qué temperatura tiene tu cuerpo? ¿Dónde percibes tensiones? ¿Cómo está tu ritmo cardiaco? ¿Cómo está el ritmo de tu respiración? Si te mueves, ¿cómo percibes el peso de distintas partes de tu cuerpo?

“Habitar el cuerpo no es solo entrar en lo delicioso, en lo suave”, dice, porque escuchar puede permitir el reconocimiento de dolores que antes no eran claros, o de incomodidades que ignorábamos. Pero, tras la escucha el cuerpo nos cuenta qué zonas necesitan más atención, tacto, soporte o presencia. Una vez identificada la necesidad, podemos ayudarnos, por ejemplo, poniendo nuestras propias manos sobre esas partes del cuerpo que requieren atención, ya que las manos ayudan a que los órganos sientan sostén. “Cada parte del cuerpo y cada órgano, saben de manera natural qué función deben cumplir, sin embargo, podemos apoyar esa capacidad a partir del tacto y la presencia”, nos recuerda Carolina.

La escucha también radica en la honestidad corporal de no forzarnos. La escucha no se trata solo de saber qué necesitamos o qué debemos hacer, sino también qué no queremos y cuándo requerimos hacer nada. Porque además, cuando contrariamos nuestras necesidades el sistema nervioso lo interpreta como amenaza.

Escucharnos aporta para que nos sigamos conociendo entre luces, sombras, grietas, flores, esperanzas y desesperanzas. El hábito de la escucha corporal propia nos dará pistas más claras sobre nuestro propio camino de cuidado.

¿Qué es la somática y cómo apoya en procesos de reconexión entre nuestros sistemas?

La palabra somática se refiere al cuerpo vivido desde adentro. La somática se pregunta por cómo me siento, invita a notar la respiración, el peso, el esfuerzo, el descanso y las sensaciones que aparecen al movernos. Cuando aprendemos a escuchar al cuerpo, deja de ser algo a controlar o querer regular para volverse fuente de información. El movimiento somático es escucha y autoconocimiento, que puede lograrse a través de herramientas como son el toque de manos, la respiración, el sonido, el movimiento auténtico, la imaginería. A través de esas herramientas se busca la reorganización de los hábitos perceptivos y de movimiento.

La regulación no debería suceder en soledad, debería suceder en el vínculo con otres​

Antes y después, de todo proceso de presencia en los rincones del propio cuerpo, estarán lxs otrxs, porque siempre necesitamos volver a lo comunitario. Si el estrés y la crisis suceden en colectivo, un camino amoroso es que la regulación también suceda en colectivo.

Para avanzar hacia la regulación es importante reconocer qué nos hace sentir cómodxs, a qué tenemos acceso y qué se acomoda a nuestro contexto. En esa escucha encontraremos que la regulación ocurre todo el tiempo en el sistema nervioso y nuestro cuerpo ya sabe cómo hacerlo, porque regularse no es relajarse, es coordinar nuestro funcionamiento y ampliar la flexibilidad para transitar de un estado a otro. Como en la danza contacto, que invita a escuchar el cuerpo propio, el cuerpo del otrx, el cuerpo colectivo y el entorno donde se encuentran esos cuerpos, con el fin de armonizar los movimientos.

Entre los caminos somáticos que permiten volver a la confianza, después del estrés colectivo, hablemos del tacto, la imaginería y el movimiento auténtico. El tacto, antes que las palabras, tiene el potencial de enviar señales de contención y seguridad al sistema nervioso, siendo uno de los caminos más concretos hacia la autorregulación. Si nuestras manos siempre están para nosotrxs, ¿Qué parte de tu cuerpo quieres tocar?

La imaginería implica tener referentes visuales para entender funciones anatómicas sobre cómo funciona o está constituida una estructura del cuerpo. Construir imágenes que dirijan la atención hacia un tejido u órgano, favorece un sentido de coherencia interna, explica Carolina.

El movimiento auténtico, por su parte, se trata de una búsqueda por ampliar la capacidad de percibir y puede suceder en el encuentro con otrxs. Carolina plantea que se puede practicar en silencio, con ojos cerrados y dejando que el cuerpo inicie el movimiento sin dirigirlo desde la mente, pero además, el movimiento sucede desde el momento en qué llevamos atención al cuerpo para notar cómo estamos, además, no hay formas correctas de moverse: los movimientos pueden ser tan pequeños o grandes como el cuerpo lo requiera, hacerlo es más importante que cómo se hace y ante todo, escucharnos antes de hacerlo porque la escucha es un gesto de cuidado.

Ejercicios

Pregúntate cada día, ¿qué necesita tu cuerpo hoy? Después revisa alguno de los siguientes ejercicios y decide cuál funciona mejor para atender tu necesidad.

Créditos

Memoria y redacción: Maritza Palma Lozano.

Tallerista y sabedora: Carolina Corrales Figueroa.

Fotografía: Victoria Carmona.

Orientadora de la conversación: Alejandra Grisales.

Productora: Nathaly Hurtado.

 

Agradecimientos a lxs 71 participantes que asistieron al encuentro virtual Volver al cuerpo: movimiento y cuidado en momentos de crisis, a partir del cual fue construido este texto. 

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